viernes, 31 de julio de 2009

EL SACO DE LAS LÁGRIMAS

Algunas personas llevan a cuestas, en su espalda, un saquito de lágrimas. En él van guardando todo tipo de lágrimas: las de tristeza, las de las despedidas, las de los encuentros, las de arrepentimiento, las de rabia contenida, las de los sueños no cumplidos....
El saquito se va volviendo más grande y pesado y se convierte en un peso inaguantable. Han aprendido a no llorar sino a guardar sus lágrimas rápidamente en el saco de las lágrimas. Eso siempre tiene sus ventajas: de cara a la galería nunca están tristes, son fríos como el hielo y nunca se emocionan ni se ponen tristes por nada.
Pero todo es falso porque, cualquier día, el saco se romperá e inundará su espalda, su pecho, mojará sus brazos, sus manos y su cuerpo. Y entonces, no podrán reprimir su gran cantidad de lágrimas.

2 comentarios:

Dédalus dijo...

Saquitos de légrimas...

Gracias por dejar hoy una hermosa flor en mi alféizar, Delia.

Un abrazo bien dado.

Víctor Manuel dijo...

Saludos cordiales. El leer los temas expuestos en el blog para mi han sido muy recorfortante saber que cuanto se puede aprender y poner en práctica para ser felices.

Las lágrimas son válvulas de nuestras estados de conciencia y las emociones afloran, muchas veces expresadas en agua salada, que es el agua de la vida. Todo tiene el elemento sal para vivir, sin ella no existiría nada.

Pero analicemos más profundamente estas reacciones y vemos que en el mar profundo del humano, el lado irracional y desconocido que, mediante mecanismos que parecerían sortilegios van llevando en direcciones inesperadas y, en ocasiones por rumbos disparatados. Es allí cuando nos planteamos ¿Qué se hizo de la brújula? ¿Funciona la libertad? Cuántas veces el humano no entiende nada y sufre.
Sufre porque está dormido. No se da cuenta de que el sufrimiento es puramente subjetivo. La mente es capaz de dar a luz fantasmas alucinantes, que luego atormentarán sin piedad a quien lo engendró. Los miedos son, generalmente sombras fantasmagóricas sin fundamento ni base en la realidad y así van pueblan el alma de ansiedades y no pueden darse cuenta de que todo es materia subjetiva. De tanto dar vueltas a sucesos infelices, acaban magnificándolos, y no se dan cuenta de que están soñando y se sienten atenazados por el terror, sin caer en la cuenta de que solo se trata de una manía persecutoria, una alucinación que inventa y dibuja sombras siniestras, cuando, en realidad nada de eso existe. Por tanto hay que hacer brotar de nuetros ojos lágrimas, pero de felicidad más no de sufrimiento y peor de desesperación.
Reitero mis felicitaciones Víctor Manuel Guzmán