miércoles, 16 de diciembre de 2009

SOMBRA EN LA NOCHE

Tuve un sueño terrible. Una sombra extrañamente negra tiraba de mi mano con una fuerza descomunal. Forcejeaba sin éxito y luchaba por despertarme.
No podía gritar, no podía pronunciar ni siquiera una palabra. Me estaba ahogando. Era tan real que me dió miedo.
Por fin, volví al mundo de lo tangible y me dí cuenta de que solamente era un sueño. Uno de esos terribles sueños pesadilla. Y tuve miedo porque tuve una extraña certeza. Me dió por pensar que quien me había visitado era la mismísima muerte, sin disfraz y sin argumentos.
Sólo ha sido un sueño -me dije- y me volví a dormir. Nuevamente la muerte me tomó de la mano. Cada vez tiraba más y más de mí y yo volví a intentar zafarme de ella. En mi garganta se perdieron las palabras de socorro. Luché por salir de la pesadilla porque, ahora lo sabía, no era más que una pesadilla.
Y después llegó el terror, ese miedo absurdo a volver a cerrar los ojos. Obsesión por no dormir para que no viniera la muerte a visitarme de improviso. Era inevitable aquel sentimiento de que sí me volvía a dormir, tal vez nunca volviera a despertarme.
No sabia que tenía tanto miedo a la muerte. No tenía ni la menor idea. Había fantaseado alguna vez con terminar con todo y ahora supe que era fácil cruzar la linea y que dolía mucho sentirse arrastrada, arrancada de este mundo.
La luz encendida y el peso de los párpados consiguieron devolverme el sueño y la muerte ya no volvió aquella noche.
Sin embargo, ahora vuelvo a tener miedo porque toca dormir y me puede la incertidumbre; a lo mejor la sombra oscura me acecha entre las tinieblas de la noche, aprovechando las pesadillas.

1 comentario:

ortega dijo...

Hola Adela.
No podrás decidir nacer; no podrás decidir morir.
Si puedes decidir soñar; si puedes decidir pensar.
Lo que no se te puede olvidar nunca es ser feliz.
El miedo es un instinto natural del cuerpo y necesario.

Un saludo.